Para todos aquellos que dudáis de cómo hablar con los niños del sexo y de todo lo que implica aqui van una serie de pautas que os ayudarán.
Resulta un poco dificultoso
hablar de la sexualidad con adolescentes si no se ha preparado este camino
durante la infancia (Moreno y López, 2001). Además, Villamarzo (1999) afirma
que es un derecho que el niño conozca los detalles de su sexualidad y es uno de
los deberes fundamentales de los educadores y padres porque sirve para el
desarrollo de su personalidad una vez que llegue a la adultez. También dice que
cuando un niño nos pregunta algo relacionado con este tema, sentimos una fuerte
necesidad de contestar y resolver las dudas que pudiera tener.
Por otro lado, a algunos padres
o educadores les puede dar miedo que la información que transmitan pueda hacer
daño a los niños (Villamarzo, 1999), pero esto no es así, puesto que éstos
sienten una sana curiosidad por saber las cosas y es mejor hablarles con la
verdad que decir mentiras que pudieran perjudicarles más seriamente.
No obstante, se puede observar
cómo algunas creencias hacen que las personas que tienen un contacto con la
sexualidad de los niños, sientan que todo lo relacionado con ello es malo o de
alguna manera no deberían ser las cosas así o que es antinatural presenciar
situaciones como esas.
Los niños deben adaptarse a la
actualidad que nos rodea porque en este momento existen familias diferentes que
contienen un solo padre o madre, que las personas que los estén cuidando sean
los dos del mismo sexo, etc. Los niños necesitan comprender por qué pasa esto,
por qué esas familias se encuentran estructuradas de esa manera y, por otra
parte, debemos hacerles entender que hay que respetar a esas familias pensando que
son iguales a otras, pero con evidentes diferencias (Millagón, Palop, Marassi y
Díaz, 2007). Para ello, hay que responderles siempre con la verdad, sin ninguna
palabra que les pueda llevar a un error, lo cual sería una consecuencia
negativa para su desarrollo, como ya se ha afirmado anteriormente.
Moreno y López (2001) dicen que
en vez de regañar a los niños por las conductas que realizan es mejor crear un
clima que permita la comunicación para que, según Mateo – Morales y Represas
(2007), éste se sienta cómodo hablando de la sexualidad abiertamente. Parte de
este clima, según Bembirre y Montes (2010) lo genera la naturalidad con que se
expliquen los conceptos que necesitan saber los niños. Por ello, se debe
adecuar el lenguaje verbal y no verbal, respondiendo a las preguntas que nos
formulen adecuándolas a la edad que tengan, de forma coherente y regulando el
contenido.
Cuando hablamos sobre la
sexualidad, si no tenemos cuidado podemos transmitir una idea equivocada sobre
ésta. Por lo tanto, debemos tener cuidado con las palabras que empleamos porque
si no, transmitiremos ideas y prejuicios que no son buenos para los niños
(Mateo – Morales y Represas, 2007). Algunas de estas consecuencias según
Villamarzo (1999) son las siguientes:
- Que el niño viva de manera negativa su sexualidad por no haber hablado
con él en ningún momento de su vida. Entonces, la persona adulta en la que se
convierta ese niño sentirá que la sexualidad es algo sucio o negativo.
- Que el niño se sienta inseguro consigo mismo; es decir, no se siente a
gusto en su propio cuerpo y no lo acepta totalmente.
- Que el niño no disfrute de la afectividad entre adultos como consecuencia
de no disfrutar de la sexualidad, puesto que afectividad y sexo van unidos
indisolublemente. En su lugar, aparecerá una afectividad de tipo intelectual,
que consiste en una búsqueda de uno mismo mezclada con un punto narcisista. Sin
embargo, no solo quedan bloqueados los sentimientos positivos, sino también los
negativos, como la agresividad. En este caso, uno se mantiene reprimido,
mientras que el otro se incrementa. Entonces, la agresividad se incrementa
porque el niño no puede disfrutar de su afectividad con otra persona.
No es necesario decir que cuando
los niños conocen la sexualidad desde que son muy jóvenes, estas consecuencias
negativas se convierten obviamente en positivas (Villamarzo, 1999).
Refiriéndonos al momento más
adecuado para hablar a los niños sobre la sexualidad, Mateo – Morales y
Represas (2007) afirman que el niño tiene su propio ritmo de aprendizaje y es
él el que nos indica cuando es ese momento, pero dicen que este momento es
cuando el niño siente el interés por saber sobre estas cosas y no debemos
desaprovechar estas situaciones en las que tiene ese interés. De todas formas,
si en ese momento no podemos responder a las cuestiones que nos plantean lo mejor
es comprometerse a responderlas lo antes posible y explicarle al niño porque en
ese momento no puede dársele esa explicación. De no llevar a cabo estos pasos,
puede perderse esa confianza que ya han ganado los padres con sus hijos.
Gil (1978) alega, además, que la
persona adulta no debe suscitar al niño preguntas sexuales si el infante no se
encuentra preparado porque, si éste y los padres tienen una relación basada en
la confianza no tendrán ningún problema con el surgimiento de estas preguntas.
Villamarzo (1999) opina que
solamente se debería responder a lo que pregunta el niño y no darle más
información para la que no está preparado. Además, no debemos ceder a los niños
las dudas que tengamos nosotros mismos con la sexualidad, de manera que éstas
se sumen a las que ya poseen los alumnos o hijos. Para evitar este último
punto, debemos estar atentos a las dudas que van surgiendo y conocer a los
niños de manera que sepamos qué información podría inquietarle.
Por otro lado, según Mock
(2005), las experiencias que se den en el hogar afectan a numerosos elementos
como el tener una intimidad emocional o disfrutar de la sexualidad libremente o
la actitud que mantengan los padres y cuidadores frente a las situaciones que
se den con los niños. También los padres deben hacer ver la sexualidad como un
aspecto positivo.
En conclusión, cuando hablamos
de sexualidad no nos referimos solamente al coito y los genitales, sino que la
sexualidad viene dada por la afectividad, el apego y el desarrollo sexual y
estos elementos son necesarios para el desarrollo del ser humano. Por otro
lado, para poder tener y disfrutar de las relaciones interpersonales se debe
llegar a ser personas sexualmente sanas, con una afectividad adecuada y
correcta, tener una buena autoestima y una determinada habilidad social para
poder tratar a los demás (Campos, 2003).
En este documento, voy a hacer
referencia a unas etapas destacadas en la educación sexual y son las siguientes:
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