lunes, 14 de marzo de 2016

¿Cómo hablamos con los niños sobre su sexualidad?

¡Hola a todos!

Para todos aquellos que dudáis de cómo hablar con los niños del sexo y de todo lo que implica aqui van una serie de pautas que os ayudarán.

Resulta un poco dificultoso hablar de la sexualidad con adolescentes si no se ha preparado este camino durante la infancia (Moreno y López, 2001). Además, Villamarzo (1999) afirma que es un derecho que el niño conozca los detalles de su sexualidad y es uno de los deberes fundamentales de los educadores y padres porque sirve para el desarrollo de su personalidad una vez que llegue a la adultez. También dice que cuando un niño nos pregunta algo relacionado con este tema, sentimos una fuerte necesidad de contestar y resolver las dudas que pudiera tener.

Por otro lado, a algunos padres o educadores les puede dar miedo que la información que transmitan pueda hacer daño a los niños (Villamarzo, 1999), pero esto no es así, puesto que éstos sienten una sana curiosidad por saber las cosas y es mejor hablarles con la verdad que decir mentiras que pudieran perjudicarles más seriamente.

No obstante, se puede observar cómo algunas creencias hacen que las personas que tienen un contacto con la sexualidad de los niños, sientan que todo lo relacionado con ello es malo o de alguna manera no deberían ser las cosas así o que es antinatural presenciar situaciones como esas.

Los niños deben adaptarse a la actualidad que nos rodea porque en este momento existen familias diferentes que contienen un solo padre o madre, que las personas que los estén cuidando sean los dos del mismo sexo, etc. Los niños necesitan comprender por qué pasa esto, por qué esas familias se encuentran estructuradas de esa manera y, por otra parte, debemos hacerles entender que hay que respetar a esas familias pensando que son iguales a otras, pero con evidentes diferencias (Millagón, Palop, Marassi y Díaz, 2007). Para ello, hay que responderles siempre con la verdad, sin ninguna palabra que les pueda llevar a un error, lo cual sería una consecuencia negativa para su desarrollo, como ya se ha afirmado anteriormente.

Moreno y López (2001) dicen que en vez de regañar a los niños por las conductas que realizan es mejor crear un clima que permita la comunicación para que, según Mateo – Morales y Represas (2007), éste se sienta cómodo hablando de la sexualidad abiertamente. Parte de este clima, según Bembirre y Montes (2010) lo genera la naturalidad con que se expliquen los conceptos que necesitan saber los niños. Por ello, se debe adecuar el lenguaje verbal y no verbal, respondiendo a las preguntas que nos formulen adecuándolas a la edad que tengan, de forma coherente y regulando el contenido.

Cuando hablamos sobre la sexualidad, si no tenemos cuidado podemos transmitir una idea equivocada sobre ésta. Por lo tanto, debemos tener cuidado con las palabras que empleamos porque si no, transmitiremos ideas y prejuicios que no son buenos para los niños (Mateo – Morales y Represas, 2007). Algunas de estas consecuencias según Villamarzo (1999) son las siguientes:

-     Que el niño viva de manera negativa su sexualidad por no haber hablado con él en ningún momento de su vida. Entonces, la persona adulta en la que se convierta ese niño sentirá que la sexualidad es algo sucio o negativo.
-      Que el niño se sienta inseguro consigo mismo; es decir, no se siente a gusto en su propio cuerpo y no lo acepta totalmente.
-         Que el niño no disfrute de la afectividad entre adultos como consecuencia de no disfrutar de la sexualidad, puesto que afectividad y sexo van unidos indisolublemente. En su lugar, aparecerá una afectividad de tipo intelectual, que consiste en una búsqueda de uno mismo mezclada con un punto narcisista. Sin embargo, no solo quedan bloqueados los sentimientos positivos, sino también los negativos, como la agresividad. En este caso, uno se mantiene reprimido, mientras que el otro se incrementa. Entonces, la agresividad se incrementa porque el niño no puede disfrutar de su afectividad con otra persona.

No es necesario decir que cuando los niños conocen la sexualidad desde que son muy jóvenes, estas consecuencias negativas se convierten obviamente en positivas (Villamarzo, 1999).

Refiriéndonos al momento más adecuado para hablar a los niños sobre la sexualidad, Mateo – Morales y Represas (2007) afirman que el niño tiene su propio ritmo de aprendizaje y es él el que nos indica cuando es ese momento, pero dicen que este momento es cuando el niño siente el interés por saber sobre estas cosas y no debemos desaprovechar estas situaciones en las que tiene ese interés. De todas formas, si en ese momento no podemos responder a las cuestiones que nos plantean lo mejor es comprometerse a responderlas lo antes posible y explicarle al niño porque en ese momento no puede dársele esa explicación. De no llevar a cabo estos pasos, puede perderse esa confianza que ya han ganado los padres con sus hijos.

Gil (1978) alega, además, que la persona adulta no debe suscitar al niño preguntas sexuales si el infante no se encuentra preparado porque, si éste y los padres tienen una relación basada en la confianza no tendrán ningún problema con el surgimiento de estas preguntas.

Villamarzo (1999) opina que solamente se debería responder a lo que pregunta el niño y no darle más información para la que no está preparado. Además, no debemos ceder a los niños las dudas que tengamos nosotros mismos con la sexualidad, de manera que éstas se sumen a las que ya poseen los alumnos o hijos. Para evitar este último punto, debemos estar atentos a las dudas que van surgiendo y conocer a los niños de manera que sepamos qué información podría inquietarle.

Por otro lado, según Mock (2005), las experiencias que se den en el hogar afectan a numerosos elementos como el tener una intimidad emocional o disfrutar de la sexualidad libremente o la actitud que mantengan los padres y cuidadores frente a las situaciones que se den con los niños. También los padres deben hacer ver la sexualidad como un aspecto positivo.

En conclusión, cuando hablamos de sexualidad no nos referimos solamente al coito y los genitales, sino que la sexualidad viene dada por la afectividad, el apego y el desarrollo sexual y estos elementos son necesarios para el desarrollo del ser humano. Por otro lado, para poder tener y disfrutar de las relaciones interpersonales se debe llegar a ser personas sexualmente sanas, con una afectividad adecuada y correcta, tener una buena autoestima y una determinada habilidad social para poder tratar a los demás (Campos, 2003).


En este documento, voy a hacer referencia a unas etapas destacadas en la educación sexual y son las siguientes:

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